La importancia de los buenos modales en la educación

Dar las gracias o los buenos días, pedir las cosas por favor… Son enseñanzas que recibimos cuando somos pequeños. Si te has preguntado si los buenos modales son algo anticuado, debes saber que la respuesta es un no rotundo.

Se trata de una especie de código de buen comportamiento tan importante como el código de circulación cuando sacamos el carné de conducir.

¿Es algo que deba aprenderse hoy día?

En una época en la que el incivismo parece cada vez más extendido, los buenos modales son imprescindibles. ¿La prueba? La multitud de normas de convivencia que afloran en lugares como los trasportes públicos (poner el móvil en silencio, ceder el asiento a embarazadas y personas mayores), los edificios públicos, las comunidades de vecinos (“Por favor, depositen los papeles y los chicles en la papelera. Gracias.”), etcétera. Son indicios que nos recuerdan hasta qué punto resultan necesarios los buenos modales.
La convivencia necesita leyes, normas y reglas para funcionar. «Sin un código, la sociedad no existiría, las personas no podrían convivir», nos explica la psicóloga clínica y psicoterapeuta Christine Brunet. “Las normas se convierten en una necesidad imperiosa desde el momento mismo en que varias personas empiezan a vivir juntas.” Para nuestra experta, saber convivir es, ante todo, la facultad de comportarse correctamente con los demás.

Niños bien educados

Un niño “bien educado” no es únicamente un niño que conoce las normas de cortesía y sabe utilizarlas adecuadamente. El niño “bien educado” de hoy en día poco tiene que ver con los del tiempo de sus abuelos.
Tras Mayo del 68, la educación ha tenido más en cuenta las nociones de felicidad y realización personal, relegando un poco las de autoridad absoluta y obediencia. Para Brunet, un niño bien educado es “un ser que ha crecido y está preparado para la vida en sociedad con confianza y autoestima”.

¿Por qué hay que enseñar buenos modales a los niños?

Los buenos modales son importantes para mantener una buena convivencia con quienes nos rodean. “Es conceder importancia a los demás y recibir su atención a cambio.” Inculcar las normas de cortesía a los niños supone proporcionales las claves para “que se desarrollen sin sobresaltos y se acerquen a los demás con confianza”.
Los buenos modales también les ayudan a encontrar su sitio y establecer contacto con sus compañeros con mayor facilidad. Saber hacerse un hueco dentro de un grupo “es un elemento valiosísimo para el éxito social”, recuerda la psicóloga. Así pues, un niño bien educado se convertirá en un adulto más realizado.
Los buenos modales abren muchas puertas, pero ¿no pueden parecer algo desfasado, viejo? Nuestra profesional ofrece una respuesta muy clara al respecto: “La buena educación no pasa de moda”.

¿Niño maleducado, niño marginado?

El niño que no ha asimilado las normas de educación corre el riesgo de avanzar en la vida sin el bagaje adecuado. No comprenderá el lenguaje de los demás y puede que ellos tampoco entiendan el suyo. La consecuencia puede ser el rechazo social. Sin embargo, hay una buena noticia: nunca es tarde para enseñar buenos modales.
Claro está que cuanto antes se enseñan, más fácilmente se aprenden, pero no se debe dar nada por perdido. “Aunque el niño no sepa buenos modales, sí conserva toda su capacidad para aprenderlos y llevarlos a la práctica.” Podemos estar tranquilos, entonces.

Enseñar buenos modales en la práctica

Repetición y paciencia: es la única forma de conseguirlo, por tedioso y pesado que resulte. Cuanto antes se empiece, más sencillo será. Brunot recuerda que los niños tienen sed de conocimientos y de aprender a hacer las cosas bien.
¿Tu pequeño se resiste? En ese caso, hay que mostrarse firme y seguir prohibiendo ciertos gestos, expresiones y comportamientos. Ello provocará en él frustraciones “que le ayudarán a crecer”. Por último, es importante que ambos progenitores enseñen lo mismo a su hijo y estén convencidos de lo que le transmiten.

¿Niños “demasiado” bien educados?

Algunos padres pueden pasarse e imponer normas demasiado estrictas que podrían desestabilizar al niño. Ningún exceso es bueno, tampoco en lo que respecta a la buena educación, ya que un niño demasiado bien educado puede convertirse en un niño más sumiso que comprensivo. “Las normas de convivencia constituyen un código que da sentido y debe enseñar al pequeño a adquirir autoestima y confianza que lo animen a dirigirse a los demás.” Si lo que hace la buena educación es cohibirlo, no cumple su objetivo.
Los más mayores tienden a criticar la falta de civismo y educación de los jóvenes. Algo que, al parecer, ya hacía Sócrates en su tiempo: “A nuestros jóvenes les gusta el lujo, es maleducada, se burla de la autoridad y no muestra respeto alguno por sus mayores. Nuestros hijos de hoy en día ni siquiera se levantan cuando entra un anciano en la estancia, les contestan a sus padres y se dedican a charlar en vez de trabajar.” No parece, pues, que la mala educación sea más grave en nuestra época que en las anteriores.

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