Turismo en México refuerza fortalezas para neutralizar guerra económica de Trump

México privilegia como vitales sus nexos económicos y turísticos con Estados Unidos, pero las medidas antimigratorias del presidente Donald Trump dispararon una alarma ante lo que expertos califican de “guerra sucia” de nefastos propósitos.

La nación mexicana recibió 32 millones de turistas extranjeros en 2015, año más reciente para el que se dispone de cifras oficiales completas, de ellos 18 millones 424 mil estadounidenses, lo que ilustra el peso de los vecinos del norte en su industria del ocio.

El pasado 2016 comenzó con un ritmo alentador, al registrarse durante el primer trimestre un crecimiento de 22,6 por ciento en el número de viajeros procedentes de Estados Unidos, en comparación con igual período del año anterior.

Todo marchaba viento en popa, con la perspectiva oficial de recibir en 2016 un total de 35 millones de turistas extranjeros.

Los viajeros del norte ingresan a México por aire, mar y tierra, gracias a una formidable infraestructura marítima y la tercera mayor red de aeropuertos del mundo, pero sobre todo debido a su extensa frontera –que ahora Trump amenaza con blindar con un espeso y alto muro, que según su proyecto deberá pagar el estado mexicano.

La orden ejecutiva del nuevo inquilino de la Casa Blanca para que se construya la muralla consiguió unir a los mexicanos en un rotundo rechazo, frustró un encuentro con su colega Enrique Peña Nieto y dio la pista a los analistas del país que ven la “guerra sucia” de Trump como el ensayo de una reformulación económica y geopolítica global, para devolver a Estados Unidos una posición dominante a nivel mundial.

Mientras buena parte de potenciales viajeros norteamericanos ya dan señales de que vacacionarán en algún sitio de la Unión, en lugar de ir a México como habían pensado, debido al temor de las recientes tensiones, economistas, diplomáticos y politólogos mexicanos se plantearon dar una respuesta la pregunta de ¿qué hay detrás de la guerra sucia de Trump?.

Según informes y conclusiones reunidas por la analista mexicana Gabriela Jiménez, las agresiones de Donald Trump hacia México esconden un plan fiscal agresivo que requerirá de ingresos alternativos.

Además de la construcción del muro y la deportación de inmigrantes indocumentados, Trump exigió la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), con el argumento de que ha provocado la relocalización de empresas estadounidenses en México, la pérdida de empleos y un déficit comercial de 60 000 millones de dólares.

La investigación de Jiménez revela que –según expertos- detrás de la agresividad de Trump con México está la reforma fiscal del republicano, que consiste en una disminución drástica de impuestos a personas físicas, pero principalmente a las empresas, con lo que  busca retener la inversión en territorio estadounidense y compensar el ingreso tributario del gobierno con mayores aranceles a la mercancía proveniente del exterior.

Hay que leerse despacio cada uno de los pasos de algo que parece asunto de política económica interna, pero que según los expertos podría tener efectos severos para la economía mexicana, y en particular el turismo.

Al establecer tasas diferenciadas de Impuesto Sobre la Renta (ISR) a las personas físicas, de entre 12 y 33%, dependiendo del ingreso, y reducir de un 35 a un 15% el ISR a las empresas, Trump pretende impulsar el crecimiento de la economía estadounidense a un 3.5% anual y crear 25 millones de empleos.

Esa estrategia económica del mandatario republicano apunta a provocar salidas de capitales mexicanos y extranjeros de México hacia Estados Unidos.

En opinión de Gabriela Siller, directora de análisis económico y financiero de Banco Base,  “son medidas populistas que generarán empleo de manera artificial”.

Trump “ha elegido a México como conejillo de indias. Se aventó contra nosotros porque pensó que sería fácil, pero no hay mal que dure cien años”.

Autoridades, empresarios y expertos económicos, en especial del estratégico sector turístico mexicano ya han comenzado a tomar medidas para neutralizar “el efecto Trump”, con la certeza de que el país tiene fortalezas para sobreponerse  a sus peores consecuencias.

En principio subrayan que el déficit comercial que Estados Unidos tiene con México (del 9%) es significativamente menor al que tiene con China (del 56%); con la Unión Europea (del 17%); o con Japón (del 10.6%).

Y tampoco puede atribuirse al TLCAN. Según apunta el ex titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Jaime Serra Puche,  el 66% de lo que Estados Unidos comercia lo hace con países con los que no tiene un tratado de libre comercio. Eso derrumba el argumento de que la apertura comercial es la causa de los males económicos del país vecino.

A México le afectará que Estados Unidos adopte medidas proteccionistas, por ser el destino del 80% de sus exportaciones.

Pero México también puede hacer valer que es el segundo destino de las exportaciones estadounidenses, al comprarle cerca de 300,000 millones de dólares en bienes y servicios sólo durante 2015, según datos de la Oficina de Censos de Estados Unidos.

Una de las opciones que ya se baraja por parte de autoridades económicas y turísticas y empresarios del sector consiste en diversificar mercados, en el caso de la industria del ocio, acentuar la promoción en países emisores de Europa, Asia y Latinoamérica.

Dejar de depender de los turistas estadounidenses como mercado mayoritario internacional no es un tema nuevo, recuerdan expertos, pero ahora se torna urgente.

Muchos han manifestado su preocupación de que Donald Trump quiera imponer un nuevo impuesto a sus ciudadanos que quieran seguir viajando a México.

El desafío es madurar a ritmo acelerado otros mercados. En ese caso, todo aconseja empezar por los que siguen en orden a Estados Unidos, como Canadá, Reino Unido o España, así como enfocarse en emisores emergentes de escaso peso en el destino mexicano, como China, el de mayor potencial.

Canadá se ubica como segundo emisor con casi dos millones al año, seguido del Reino Unido con alrededor de medio millón de visitantes anuales, y en tercer lugar España con poco más de 300 000.

Las iniciativas para mejorar esos datos no deben tardar. En principio, ya es oficial que la marca México estará presente este año en 22 ferias internacionales de turismo, entre las que se incluyen algunas donde nunca antes participó como Australia, y posiblemente Catar o Dubai, según anunció Lourdes Berho, directora del Consejo de Promoción Turística de México.

 

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