Barranquilla y Cartagena, disfrute total

“En Barranquilla el paisaje es su gente”, acuñó el periodista Juan B. Fernández Renowitzky, director de El Heraldo, el periódico de mayor circulación en la región del Caribe colombiano.

Ciudad de río y mar, y mejor vividero del mundo. La puerta de oro de Colombia se abrió y por allí empezó a entrar en el siglo XIX, la inmigración europea, norteamericana y del Medio Oriente. Los inventos y las pasiones fueron llegando con los viajeros. Los libros, los instrumentos musicales, el fútbol, la radiodifusión, la moda, el kibbe, la industria textil, etc. En “Bocas de Ceniza”, en Barranquilla se abre la desembocadura del gran río Magdalena, el cause fluvial más extenso de Colombia. Barranquilla es tu ciudad, en Barranquilla, me quedo, le cantan los compositores.

Somos un grupo de periodistas de Argentina, Brasil, México y Estados Unidos, invitados por la cadena intercontinental hotelera, IHG y Copa Airlines. Pasamos la primera noche en el hotel “Crowne Plaza Barranquilla”.

No pudo ser más típico de la cocina regional costeña, el desayuno que nos sirvieron en el Holiday Inn Express: arepa de huevo, empanadas de carne y pollo, patacones, y café con leche.

El restaurante ofrece una amplia vista panorámica de Buenavista, uno de los sectores más exclusivos y con fácil acceso a los comercios y restaurantes. Dos días son pocos para disfrutar de Barranquilla, pero alcanzaron para conocer los puntos clave que marcan la vida diaria de los barranquilleros. También conocidos como “curramberos”, por su desparpajo y temperamento abierto y festivo protagonistas del carnaval más largo y celebrado del país. Aunque sea de paso, estos son lugares imperdibles de una visita a Barranquilla:

El Paseo Bolivar es alma y vida de la vieja ciudad. Aquí surgió y aquí creció la gran urbe que es hoy, con cerca de un millón y medio de habitantes. Lo enmarcan el edificio de la alcaldía, sedes comerciales, bancarias y financieras. En el costado oriental la iglesia San Nicolás, de estilo neogótico, construida a lo largo de 300 años y hoy hace parte del patrimonio de la ciudad.

Para reencontrarnos con la Barranquilla tradicional recorrimos las calles anchas con palmeras y las bellas casonas del viejo barrio El Prado. De hacienda ganadera pasó a ser en los años 1920, la primera  urbanización al estilo de las grandes ciudades de Estados Unidos. Hoy muchas de estas casonas han pasado a ser sedes de empresas multinacionales,  universidades y exclusivos restaurantes. 

En la Casa del Carnaval en el tradicional Barrio Abajo, encontramos las salas donde se almacenan las máscaras, disfraces, marimondas y archivos del evento socio-cultural más importante de los barranquilleros de todos los niveles sociales. Los visitantes la recorren y se refrescan del calor del trópico, a la sombra de los árboles en el patio adornado con grafittis y pinturas alegóricas a la fiesta popular.

El Museo del Caribe es un moderno edificio que pretende resaltar la riqueza antropológica regional. Exhibe las expresiones culturales, la memoria histórica de sus pobladores y promueve la reflexión sobre los valores e identidad de la costa. Al subir las gradas, por un costado, nos recibe el busto de cuerpo entero en bronce, del escritor Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura, con el que muchos se toman fotografías.

Al entrar al bar-restaurante-museo “La Cueva”, ronda el espíritu de Gabo. En este establecimiento se celebraron las tertulias literarias de personalidades de la cultura, en la década del 40-50, a las que acudía García Márquez. Situado en la calle 59 con la carrera 43, conserva fotografías, recortes de prensa y presentan cortometrajes de aquellos tiempos. En un letrero se lee: “Aquí nadie tiene la razón”.

El malecón del río Magdalena es la más reciente obra turística de los barranquilleros. Tiene 270 metros y está construido sobre la margen izquierda de la arteria fluvial, desde donde se aprecia la inmensidad del río, en su recorrido hacia la desembocadura en el mar, pocos kilómetros más abajo.

Nos despedimos de Barranquilla y en dos horas de viaje a bordo de un autobús de Gema Tours, por una carretera paralela al mar, llegamos al Holiday Inn Morros de Cartagena. 

Almuerzo cortesía del IHG, en el Blue Restaurant Bar & Lounge, con ceviche, carimañolas, arepa de huevo y suero de leche procesada.

Cartagena es el destino soñado por quienes gustan de  caminar por una ciudad que conserva en su centro histórico las casonas que fueron habitadas por personajes como Francis Drake, y un entorno cercado por 17 kilómetros de murallas.

Hay que vivir la experiencia de caminar por sus callejuelas ricas en leyendas. Subirse a un coche tirado por caballos, en la noche, y extasiarse con canciones románticas de los músicos callejeros. O escucharle a los cocheros contar historias de piratas y corsarios, del pasado heroico de la ciudad amurallada.

En la actualidad, Cartagena es una de las ciudades mas visitadas de Colombia, por sus atractivos turísticos y las playas de Barú o islas del Rosario. Anualmente es sede de eventos como el “Hay Festival de Literatura” o el “Festival Internacional de la música clásica” o de cine. 

Algo que está de moda en Cartagena es la transformación de emblemáticas casonas de marqueses y de conventos en suntuosos hoteles butiques de ocho y hasta veinte habitaciones de lujo. Algunos de ellos son: Ananda, El Marques, Aquamarina, Tsherassi, La Merced, Arzobispo,  Cartagena de Indias, Santa Clara o el Santa Teresa.

El Intercontinental Cartagena ubicado en la playa de Bocagrande, es un exclusivo hotel de lujo con un bar moderno y piscina en la azotea, habitaciones amplias y vistas magníficas al mar Caribe o a la bahía de Cartagena.

Una de las fortificaciones más bellas e imponentes es el Castillo San Felipe de Barajas, construido en piedra en el año 1657 durante la época colonial española.  Sirvió para defender a Cartagena de los ataques piratas de ingleses, franceses y holandeses. Los historiadores destacan al almirante Blas de Leso que derrotó a los británicos comandados por el almirante Vernon en 1741, en el llamado sitio de Cartagena.

El Restaurante El Santísimo, conocido como el templo de la comida fusión, en la Calle del Torno, en el centro, fue buena selección para degustar la gastronomía cartagenera. A la hora de la cena el Club de Pesca, fue la mejor elección por la vista sensacional de la bahía y por los manjares del mar, servidos en la mesa.

Con el vistazo a Barranquilla y a la soñada Cartagena, mis colegas no cesaron de expresar sus encantos al descubrir los dos paraísos turísticos a los que prometieron volver para disfrutar con mas tiempo.

Por ENRIQUE CÓRDOBA

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