America: Ruta al interior de Chile

Para reforzar el recuerdo de épocas prehistóricas, además de con cráteres, el suelo de las regiones IX y X de este país se cubre de bosques frondosos de araucarias, verdaderos fósiles vivientes que al crecer despliegan sus copas como paraguas. Y, en el bosque, todavía habitan los mapuches, pueblo amerindio con un fuerte apego a su cultura y tradiciones.

Pocos lugares del mundo reúnen tantas imágenes que inciten al viaje, de manera que tomé un autobús en la atareada estación central de Alameda, en Santiago de Chile, con rumbo a Temuco, la ciudad natal del poeta Pablo Neruda. El plano de Temuco sigue una cuadrícula perfecta, como corresponde a una ciudad delineada por un alemán. Sus calles no sorprenden a los ojos europeos, que encontrarán más interesante la zona del Cerro Ñielol, un monumento natural en el que se ubica La Patagua del Armisticio, el lugar donde en 1881 se acordó la paz entre colonos y mapuches para que estos cedieran los terrenos donde se fundaría la ciudad. El punto exacto lo señala un chemamull, un tótem sagrado. Lo rodea una muestra de vegetación valdiviana, incluida el copihue, la flor nacional.

Colosos Andinos. Los lagos del centro y sur de Chile son tan extensos que hasta tienen olas. A sus orillas se alzan volcanes de cumbres nevadas pero con un corazón de lava presto a estallar. Así, emergen por encima de un tapiz de bosques y lagos y por debajo de un mar de nubes. En la fotografía, el Antuco.

 

Tolhuaca, cerca de Temuco, la ciudad natal del poeta chileno, alberga una extensa zona de lagos y bosques de araucarias. El plano de Temuco sigue una cuadrícula perfecta, como corresponde a una ciudad delineada por un alemán.

 

El viaje sigue hacia el sur, en busca de otros espejos de agua. El destino esta vez es Villarrica, una de las ciudades más antiguas de Chile. Las rutas de alta montaña ascienden hasta los 3.000 metros y regalan panorámicas de crestas desnudas, lagos glaciares y picos de nieves perpetuas.

 

El nombre mapuche de Conguillío significa “agua con piñones”, nombre que le viene como anillo al dedo a este parque de más de 60.000 hectáreas, creado en 1950 y declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco. Las araucarias son el mayor tesoro natural de esta reserva. Hay ejemplares con más de mil años de edad.

 

Una vegetación exuberante envuelve esta cascada de 90 metros de altura, ubicada a solo 30 kilómetros de la localidad de Pucón. Se encuentra en la orilla opuesta del lago Villarrica, pero en cuanto a belleza natural los supera el Caburga, con su Playa Negra sobrevolada por halcones peregrinos. Un poco más allá se encuentran sus Ojos, una serie de pozas y saltos de agua que convergen en una piscina natural color turquesa.

 

Bajo sus aguas alberga un bosque de troncos fosilizados. Es uno de los enclaves más curiosos del Parque Nacional Conguillío.

 

Desde esta ciudad a orillas del lago Llanquihue se divisa la silueta del volcán Osorno (2.652 metros).

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