Marruecos: La exuberante magia de Marrakech

Recorremos esta frenética ciudad desde la plaza Djemaa El Fna hasta los monumentos y zocos más importantes de una de las urbes más visitadas de Marruecos

Un viaje a Marrakech siempre es un acierto. A primera vista Marrakech consigue mimetizarse con las arenas del desierto gracias al ocre rojizo de sus edificios y murallas. Sin embargo, pronto surgen los matices, ya que la ciudad se levanta ante un grandioso oasis de palmeras, una mancha verde en medio de la aridez, y se enmarca entre las elevadas cumbres del Atlas, que asoma sus picos nevados por las calles de la ciudad. Marrakech fue fundada en 1062 como asentamiento almorávide y transformada en ciudad imperial de los almohades quienes la hicieron su capital, embelleciéndola en 1157 con la mezquita de la Kutubia, uno de los monumentos más bellos del Magreb.

 

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Plaza Djemaa el Fna

Desde las terrazas de los cafés que la rodean se obtiene una amplia visión del centro palpitante de Marrakech. Desde la salida hasta la puerta del sol es el escenario que comparten todo tipo de artistas, buscavidas, turistas y locales.

 

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La Menara

Fuera de la Medina se halla el jardín imperial, un parque erigido en el siglo XII para disfrute de los sultanes, convertido hoy en un apacible jardín. Amurallado, con olivos y árboles frutales, cuenta con un pabellón del s. XIX. Al fondo, las cimas del Atlas.

 

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Desierto de Sáhara

Al sudeste de Marrakech se extiende el inmenso Sáhara, con sus dunas anaranjadas, punteadas por oasis y algún recinto fortificado (ksar). Recorrer el desierto es una experiencia inolvidable que permite conocer la forma de vida de los beduinos. Se organizan excursiones en todoterreno o a lomos de camello, durmiento en haimas o en hoteles del desierto.

 

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Barrio de los zocos

A este laberinto de mercancías, ordenadas por gremios (forja, cestería, pieles, marroquinería, tejidos… ), se accede desde la plaza Djemaa por la calle Samarine. Lo más recomendable es dejarse llevar por la inercia de sus callejuelas, conversar con los vendedores y probar y oler las delicias de sus tiendas.

 

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Mezquita la Kotubia

La joya de Marrakech debe su nombre a los libreros que vendían libros (kutub) en su atrio. En la imagen su minarete del siglo XII, que sirve de referencia a los visitantes despistados que pierden la orientación en la caos de las calles de la Medina.

 

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Madrasa Ben Youssef

La visita a esta escuela coránica, una de las mayores del Magreb, muestra la exquisitez del arte islámico. Fundada en el siglo XIV, se reconstruyó en el XVI.

 

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Uarzazat

Con sus magníficos escenarios naturales y de cine, es punto de partida de las mejores rutas por el Gran Atlas, la última parada antes de las dunas y los fértiles oasis que salpican el Sáhara para aquellos que quieren internarse en el desierto. En la imagen, el ksar Aït Benhaddu.

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