Tomatina 2020: Buñol da el pistoletazo de salida a 75 aniversario en 2020

La localidad valenciana de Buñol ya ha dado el pistoletazo de salida al 75 aniversario de la Tomatina, que se conmemorará en 2020, solo un día después de su edición de 2019, por lo que el Ayuntamiento de Buñol tiene previsto realizar diversas acciones a lo largo del año para conmemorar la efeméride.

El consistorio ha realizado este jueves un balance de esta edición de la Tomatina, que se ha saldado sin ningún altercado por las “elevadas medidas de seguridad” puestas en marcha y el incremento de puntos violetas y efectivos para garantizar el bienestar y protección de todos los asistentes, ha señalado el gobierno local en un comunicado.

El Ayuntamiento ha atribuido esta mejora a la seguridad a que este año se han aglutinado todos los aspectos de la fiesta bajo la misma concejalía, la de Interior, encabezada por la edil María Vallés.

En esta edición, casi 300 efectivos entre Policía Local, Policía Autonómica, Policía Nacional, Guardia Civil y Protección han contribuido a garantizar el normal desarrollo de la fiesta, en la que han participado 20.000 personas de diversas nacionalidades y donde se han acreditado 70 medios procedentes de todo el mundo.

El consistorio ha resaltado que se trata de una de las fiestas españolas “más internacionales”, pero el interés del gobierno local “va más allá de mostrar la fiesta de La Tomatina”, dado que han impulsado una “visión diferente” de este evento, donde “esta batalla pacífica sea el eje central de todo el atractivo turístico de un municipio lleno de posibilidades”, con entornos naturales con parajes como la Cueva Turche, el Roquillo o la Violeta.

La historia de la Tomatina arrancó el último miércoles de agosto del año 1945, cuando unos jóvenes pasaban el rato en la Plaza del Pueblo para presenciar el desfile de gigantes y cabezudos y otros actos de la fiesta.

Los chicos decidieron hacerse un hueco dentro de la comitiva de un desfile con músicos, gigantes y cabezudos. El ímpetu de los jóvenes hizo que cayera un participante que, preso de la ira, empezó a golpear todo lo que encontraba a su paso y allí había un puesto de verduras que fue pasto de la multitud enfurecida: la gente empezó a tirarse tomates de unos a otros hasta que las fuerzas del orden público pusieron fin a aquella batalla vegetal.

Al año siguiente, los jóvenes repitieron el altercado de forma voluntaria y llevaron los tomates de su casa. Aunque la policía disolvió en sucesivos años la reciente tradición, los chicos, sin saber nada, habían hecho historia.

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