Bogotá: Conociendo el lado underground de Bogotá

Cuando el sol se oculta en Bogotá, se puede aplicar el dicho de, “en la noche todos los gatos son pardos”, porque es cuando las personas aprovechan para salir y divertirse, para camuflarse entre la oscuridad y relucir su excentricidad a flor de piel. Como reflejo de esta filosofía de vida, ha ido exponiéndose un lado menos popular de la capital de Colombia, un fenómeno del cual se habla con la escena underground de la ciudad.

A través de sus redes sociales, Redbull, ha publicado un minidocumental en el que se expone la vida nocturna de la fría ciudad colombiana, reuniendo exponentes relevantes del panorama musical que se atreven a seguir el ritmo de su propio tambor y propone elementos vanguarditas con escenarios clandestinos, alrededor de la urbe, habitantes y visitantes.

Es importante hacer un recorrido por los últimos treinta años, encontrar el pasado con el presente. Por eso empiezan con los inicios de esta escena underground, específicamente, en la década de 1980, el historiador y periodista, José Enrique Plata, expresa “La gente en Colombia nace bailando” y teniendo en mente que, por esos años, el panorama político y social era bastante pesado, a causa del narcotráfico y las guerrillas, “estaban muy de moda las minitecas”, dice el experto, lugares propios para esconderse y gozar de los éxitos de los italo classics y de la música disco.

Adelantándose en el tiempo, para los años noventas, la cultura rave se intensifica, ya sea en lugares legales o no legales y se da la lucha entre lo independiente y lo comercial, cosa que continúa hoy en día.

Así es que aparece el escenario de Cinema, esta primera gran discotega que suge alrededor de géneros o estilos musicales como el house, el techo o el minimal. Uno de sus fundadores, Gerardo Pachón, cuenta que para no rallar la música, él tenía que viajar cada verano a Europa para comprar melodías nuevas.

Pasando lo años, la gente fue siendo más abierta ante los nuevos sonidos y ritmos, por lo que se propiciaron nuevos espacios para la música underground. A principios de la década pasada surgió Theatron, probablemente, la discoteca más grande del país, con trece salas, cada una con un estilo diferente, siendo un génesis de la comunidad LGBTI, muestra inclusión, siendo una propuesta abierta a que la gente se sienta libre y se dedique a bailar.

Para la última década surge, el Coq, que en sus inicios se dedicaba a lo indie y un toque de rock, para pasar a lo más electro y traer grandes talentos de la escena. Luego sale Baum, haciendo posible el traer a grandes personajes de la música electrónica, que en los últimos meses, se ha reiventando, para presentar el festival de música Tatacoa, en el desierto de nombre homónimo. Se finaliza con Videoclub, que tal vez no le importa ser escenario de grandes talentos, pero es un interesante ejemplo de la movida en Bogotá, atrayendo a la gente que busca pasarla bien mientras el sol no se asome.

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